miércoles, 29 de octubre de 2008

Las dos mitades


Si tu cuerpo se divide en dos mitades y una de ellas no tubiera corazon, 

pegame un tiro en la cabeza sin dañarme y roba el mio para tu pecho de algodon. 

Si la luz de luna no te es suficente es que necesitas claridad en tu rincon, 

hare un esfuerzo de ilusion adolescente y te hare una lamparilla con el sol. 

Y si alguna vez ves que no digo nada y acaso sientes que me alejo de tu olor, 

me estare dando un paseo por tu mirada o bebiendo de tu huerto algun licor. 

No te conduelas más, por todo lo que he hecho. 

La rosa tiene espinas. 

Fango las claras fuentes. 

Nubes y eclipses ciegan a la Luna y al Sol y en el botón 

más tierno mora un puerco gusano. 

Todos los hombres herran y yo también lo hago, 

excusando tu ofensa con cien comparaciones, 

dañándome a mí mismo, para salvar mi error, 

disculpando mis faltas, mas de lo que merezco. 

A tu sensual error, le doy mi beneplácito, y tu mismo rival 

se torna en tu abogado y actuó contra mí, por defender mi causa. 

Tal batalla civil hay entre amor y odio, 

que necesariamente, me implica, siendo cómplice, 

de aquel dulce ladrón, que agriamente me roba tu amor. 

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